TALLER LITERARIO Algunos ejercicios de precalentamiento de la pluma

EJERCICIO 1: Para perderle el miedo a las clases de palabras.

El CUENTO necesita, antes que nada, poder liberarse de la estructura que lo limita y que, gracias a corrientes “educativas” pasadas de moda, lo ha cristalizado en INTRODUCCIÓN, NUDO, DESENLACE”… Baste echar una breve pero atenta mirada a la narrativa del siglo XX para darnos cuenta de que esta clasificación deja afuera a millones (sí, millones) de textos que ostentan, en cambio, formas completas: finales no definidos, retrospectivas, corriente de conciencia o personajes no convencionales pero que son parte importante de la narrativa actual.

Desechada esta clasificación arcaica y excluyente, sí podemos encontrar otras aproximaciones más amables: SECUENCIAS NARRATIVAS, por ejemplo. Y es que una posible definición para el CUENTO es que es un relato de una anécdota -mencionada así en relación a la brevedad de este tipo de texto. Una nueva salvedad abarca el espectro mayor (cuento largo) y menor (cuento corto y microrrelato).

En todo caso, como lo que prima es el relato de HECHOS, nos enfocaremos, como primera ronda, a la clase de palabra que sirve esencialmente para narrar; el VERBO.

El verbo es la clase de palabra que indica acción o estado y tiene, por ello, una dinámica propia.

Entonces puede narrar casi sin ayuda, del mismo modo que el sustantivo junto con los adjetivos tienen fuerza descriptiva per se.

Practiquemos: La propuesta: Imaginar un personaje: su clase social, a qué se dedica, cómo es su familia. A continuación, relatar un día cualquiera de ese personaje empleando solamente verbos y nada más (podemos permitir algunos pronombres, pues).

 

Ejemplo:

Despertarse, saltar, correr, abrir, preparar, llamar, vestir, peinar, despedir, recomendar, limpiar, lavar, cocinar, buscar, salir, comprar, ordenar, organizar, recordar, apresurarse, recibir, alimentar, acompañar, retar, preguntar, ayudar, escuchar, leer, inventar, cocinar, limpiar, ordenar, refunfuñar, cocinar, limpiar, ordenar, indicar, cantar, besar, cerrar, abrigar y recomenzar…

 

No hemos dicho nada que describa al personaje, su género, su rol o su tarea, pero seguramente una pintura de esa persona se ha formado en nuestra mente (para mí, es una mujer y es madre…)

¿Qué pasa si cambiamos tanta acción y movimiento por una pintura de las circunstancias? Ya mencionamos que SUSTANTIVOS Y ADJETIVOS son los especialistas en cuanto a esta tarea, así que vamos a jugar con ellos.

PROPUESTA: Imaginar la cena en una casa que no es la nuestra, pero a la cual nos asomamos por la ventana. Redoblo la apuesta, anticipando la pregunta (“¿el adjetivo antepuesto o detrás?”): llegado el momento de adjetivar, notaremos que no es lo mismo el efecto de la adjetivación por delante o por detrás del adjetivo al que modifica: no es igual decir “alto cielo” que “cielo alto”, cambia la fuerza expresiva y el tono y, con ello, la descripción lograda. Por eso, y para notar con claridad estos matices, las parejas serán de adjetivo + sustantivo; no hace falta darlos vuelta para completar la exploración: la mente hará el trabajo por sí sola.

 

Ejemplo (cambiemos de personaje, además):

Blancos manteles, negros criados, almidonados vestidos, brillantes cubiertos, grandes candelabros, encendido fuego, suave música, breves murmullos, severas miradas, fríos comentarios, contenidas lágrimas…

Esas sencillas palabras bastan para definir un contexto y una época, incluso una serie de sentimientos que rigen sobre esta cena que seguramente consta de varios platos pero poca felicidad…

 

EJERCICIO 2 La síntesis

Si hay algo que define al cuento es la síntesis: la capacidad de decir mucho con pocas palabras y dar a entender el resto, que conformará el cuadro completo en la mente del lector.

Y si hablamos de síntesis, en seguida se nos ocurre una ardua tarea que consiste en ir destripando un texto complejo, intentando definir qué partes son importantes y cuáles imprescindibles… Pero hay una forma más sencilla y directa: el juego de las dos frases.

Hay que crear todo el ambiente con sólo dos frases. Y para completar la motivación, le damos un tinte consistente: una emoción, por ejemplo, el miedo.

 

PROPUESTA

Crear un cuento de terror con sólo dos frases (sin miedo, ¡es un juego!).

Ejemplos:

Sonrió y cerró la puerta.

Ese golpe fue el último sonido que se oyó.

Oyó un grito y salió a la noche.

Nunca vio el amanecer del día que siguió.

Siguieron sus pisadas en el barro.

Pero de pronto el rastro terminó en medio del camino.

Y ahora, otra vuelta de tuerca:

 

PROPUESTA

Crear un cuento triste con tres PALABRAS

Ejemplos:

Mamá se fue.

Último vez contigo.

Subí otro kilo.

Ya ven: el sabor agridulce del último se descubre cuando la idea termina de formarse en nuestra mente y cambia el color del texto.

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