La Poesía vehículo no sólo de deleite, sino de comunicación

POESÍA

“Ya nadie lee poesía”, sentenció…

Obviamente, expresé mi desacuerdo. La poesía es, desde siempre, una NECESIDAD humana. Es más, en su momento ha sido vehículo no sólo de deleite, sino de comunicación, con los antiguas juglares, de notificación de hechos importantes llevados de tierra en tierra, aventuras y desventuras de reyes y ejércitos, caballeros y héroes queridos por el pueblo. Eran muchas cosas para contar y no había escritura en que apoyarse, así que, por eso mismo, era más fácil de recordar si se lo narraba en verso.

Al correr del tiempo se extendió el estudio de la escritura y el oficio del poeta se fue encontrando con diferentes nociones y características, desde los textos apasionados y bucólicos a la encendida denuncia socialcon que hombres y mujeres alentaban a sus compatriotas.

Teatro en verso, versos largos y breves, poresía de ruptura y “Poemas para ser leídos en el tranvía” son algunos de los botones que nos sirven como muestra de una evolución lógica a tiempos y contextos y como prueba de que la poesía nunca dejó de correr junto a la Historia. Seguramente hubo padres ofuscados que vieron con malos ojos el amor de sus hijos por los versos, pero eso es algo inevitable en todos los rubros, desde que el mundo es mundo y los hijos son rebeldes…al fin, el mundo ha agradecido esos versos con mucho más amor y más fama.

Es cierto que esa inspiración de sangre, sudor y lágrimas duerme durante siglos en olvidados anaqueles, pero la ignorancia de su verso no le resta brillo: basta sacudir el olvido de su lomo con un breve solpido y volverá a tañir la misma música que le dio vida. Pero esto lo sabe quien escribe y, sin embargo, no deja por ello de expresarse:

“…Un poeta y antes de él un árbol

junto al cual sentimos toda la tierra bajo los pies.

Porque existe una palabra para decirlo todo

y es ver un aromo florido al mismo tiempo que nombrarlo.

El poeta aguarda un año entero para decirnos esto.

Los verdaderos poemas son los póstumos

que se escriben a oscuras con la luz del relámpago…”

Efraín Barquero

Fragmento (El poema en el poema)

 

Pasan los años y el mundo se globaliza y se acelera la vida sobre él, cambia la época y la poesía se metamorfosea en letras de canciones, y hasta en paredes que resisten, resisten… bajan sus aguas y sigue su curso en río subterráneo, hasta que, usando cualquier tinta, incluso la virtual, vuelve a brotar, con suma fuerza.

¿Podemos decir que el verso alejandrino, con sus catorce sílabas es “mejor” que la décima o el rap?

¿Podemos establecer juicios que valores al arte, eminentemente subjetivo?

En sí, podemos, como hemos podido tantas veces, pero la poesía tiene vida propia: se alimenta de todo lo que la dibuja, trata de delinearla y la entreteje. La entreteje con libros, con fusiles y con arenas, porque está más allá de todos ellos, porque es “una cuestión de supervivencia”.

Y, escribamos o no, nuestra primera infancia está teñida de poesía. Puede que lo recuerdes, puede que te parezca una pura fantasía de poeta, pero con cada nana, cada canción de cuna (y hasta con cada verso escondido con que se rimaban las “malas palabras” y las “palabras prohibidas” entre dientes) nos ha rodeado la poesía en todas sus formas.

Puede que hoy, en pleno e intempestivo siglo XXI parezca otra vez olvidada -vuélvase a la primera línea de este texto, expresada por una persona que ha pasado los 60 y se reconoce escribiendo poesía desde la niñez hasta hoy en día- puede, incluso, en este énfasis utilitario en que vivimos, que parezca inútil…  

-Maestro, ¿para qué sirve la poesía?

-Para hacer más poesía, creo.

-Y ¿para qué más poesía?

-Para llenar al mundo, creo.

-Y ¿para qué llenar el mundo de poesía, Maestro?

-Para que no esté vacío.

-Pero si está lleno de cosas.

-Sí, pero sigue vacío.

-Maestro, no entiendo este enigma.

-Hijo, toma el lápiz y escribe tu primer poema…

“Maestro de poesía”

Isaac Felipe Azofeifa, Costa Rica.

 

La poesía retoma un tema que ya hemos explorado en el microrrelato: la síntesis.

La síntesis es a la poesía por cuestiones de métrica y de espíritu.

Por eso, hecha la presentación, vamos al EJERCICIO 

 

Propuesta:

Escribir una definición poética de objetos que nos rodean (sí, cotidianos, a no despreciarlos, que ya hubo un Neruda que recitó odas hasta para las cebollas)

Claro que no se aborda a una definición poética sin más: EL PRIMER PASO SERÁ PENSAR LA DEFINICIÓN COMPLETA, LUEGO RELEVAR LAS PALABRAS MÁS CARGADAS DE SIGNIFICADO Y, FINALMENTE, TRANNSFORMAR EL USO NORMAL DE UN OBJETO CORRIENTE EN POESÍA, ANIMÁNDOSE A ELEVARLO A UNA MIRADA HUMANA Y ELEMENTAL (con lo que rozaremos la metáfora): QUÉ ES ESE OBJETO EN MI VIDA, QUÉ SIGNIFICA PARA MÍ, COMO ME DEFINE, CÓMO TRANSFORMA MI VIDA.

Cambiar la mirada sobre objetos comunes nos va a permitir una visión poética que, en última instancia, enriquece nuestra propia vida. Y es para eso que “sirve” la poesía, aunque no tenga rima…

“Es blanco el pan,

es familiar como la madre;

pero cuando lo encuentra

después de un día de siega,

después de hacer un surco en el

pecho  del sol,

hundiéndose hasta la cintura

en su materia candente,

lo descubre  negro

como un resto  de desgracia o incendio,

lo tacta duro

como si su dolor  ya lo hubiera  forjado,

lo gusta amargo,

como si lo hubiera  avinagrado su fiebre,

lo siente triste,

como si lo llorara

su cuerpo envejeciendo,

lo calla, avergonzado,

como si todos sus hijos  lo pidieran,

lo deja, tembloroso,

como si  se tocara su carne maltratada.”

Efraín Barquero, “La piedra del pueblo”

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