¡Comunicación! Los primeros recursos expresivos

Como reflexionábamos en el post pasado, la comunicación es mucho más que palabras.

Cada vez que ponemos el foco sobre el acto de comunicar nos damos cuenta de cuánto decimos, aunque no digamos.

Muy poca o casi ninguna noción tenemos de la cantidad de información que emitimos continuamente, desde los ya conocidos movimientos de ojos que señalan si estamos inventando lo que decimos (ojos que miran arriba y a la derecha), evocando algo (arriba a la izquierda), conectando con las sensaciones (abajo a la derecha) o desconectando de ellas (abajo a la izquierda) y sus opuestos para las personas zurdas, hasta todo lo que dicen nuestras manos mientras hablamos, y la “apertura” que simbolizamos con manos en la cintura de frente al interlocutor, o lo “cerrados” que estamos a lo que se nos dice si cruzamos los brazos sobre el pecho y nos giramos hacia algún costado…

Claro que para tener un completo control de lo gestual debiéramos tener la conciencia total de cada movimiento de nuestros músculos faciales, hombros y pecho, cuando en realidad apenas podemos controlar la respiración en momentos de estrés o ansiedad. La mayor parte de nuestros gestos nos pasa inadvertida, aunque la reacción de quien está frente a nosotros nos puede devolver una porción, no sin su propia interpretación, que a veces puede ser errónea…

Esto suena a complicaciones, pero no es más que acercar el zoom y ralentizar lo que ocurre decenas de veces en nuestra jornada cotidiana. Captamos una pequeña porción, apenas suficiente para identificar el mensaje, ¡en el mejor de los casos!

La palabra escrita nos da otro hándicap, el de poder repasar y retocar antes de que el texto salga a representarnos.

Para eso, habrá que reunir ciertos requisitos:

  • Tener una idea clara del mensaje, especialmente qué parte de él se quiere resaltar.
  • Tener una idea clara de la intención con que escribimos un texto, pues no será lo mismo si buscamos conmover, advertir, denunciar, motivar o simplemente compartir nuestros pensamientos. (Escapa a esto, claro está, la escritura críptica, que no se escribe para que vea la luz sino sólo para los ojos que la vieron nacer).
  • Tener un manejo certero de los elementos con que armaremos nuestro mensaje, a modo de los colores de las paletas de nuestra individualidad y nuestra sensibilidad: el léxico, la ortografía, la consecución de los temas y los giros idiomáticos que más representen nuestras ideas y sean más fieles a los que realmente queremos decir.

A modo de ejemplo y, quizás de ejercitación que permita medirse respecto de uno mismo, van las siguientes frases, iguales y diferentes, para empezar a ver:

   Una semana lo llevaremos al campo para que vea realmente de qué se trata.

   Al campo, para que vea de qué se trata realmente, lo llevaremos una semana.

   Realmente, para que vea de qué se trata, una semana lo llevaremos al campo.

   Al campo lo llevaremos, para que realmente vea de qué se trata, una semana.

Son las mismas palabras…sin embargo, la claridad enunciativa de la primera no tiene el mismo tono severo de la segunda, que aumenta aún más en la tercera, ni el enfoque circunstancial  geográfico de la cuarta.

Podríamos seguir explorando las posibilidades expresivas del hipérbaton (alteración del orden lógico oracional), del que hace tanta gala el castellano, e incluso de los implícitos que esconde, fáciles de captar para los hablantes naturales del idioma, pero muchas veces difíciles de explicar.

A eso le sumamos distintos tonos de voz y tenemos un abanico de posibilidades riquísimo.

¿Cuánto de esto podemos discernir? ¿Cuánto de esto es consciente, empleado como una herramienta y cuánto intuitivo?

¿Qué tan fieles son nuestros textos a nuestras ideas e intenciones?

La propuesta es despertarnos a esta realidad que no se nos puede seguir escurriendo como agua entre los dedos…porque la palabra es creadora y nuestro  mundo se forma con palabras.

Ya he dicho que las palabras se me antojan como  piedritas brillantes reluciendo junto al camino o debajo del agua. ¡A jugar con ellas!

4 comentarios en “¡Comunicación! Los primeros recursos expresivos

  1. Cuanta diferencia, y con las mismas palabras, si le sumamos la cantidad de palabras, sinónimos que podemos utilizar, las variaciones son infinitas. Siii que hay que saber elegir!!!
    Voy a aprender mucho aquí, siiii, ya lo intuyo, ya lo sé!!! Besos! 😉

  2. Hola May, comento tarde pero seguro, sorry!!! Qué importancia es tomar consciencia de los componentes de nuestro mensaje… Decir lo que queremos decir realmente es un arte que de tu mano podemos pulir y mejorar, sobretodo porque como bien decís, la palabra crea y crea tanto si es sólo pensada, escrita, dicha en voz baja o gritada.
    Tenemos posibilidades expresivas infinitas, que si las comprendemos, podemos alcanzar un nivel más de excelencia.
    ¡Lindísimo artículo!!!

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